El producto final por fin veía la luz al final del túnel: un establecimiento original en su decoración (cada pared una obra de arte original, mimada) al que invitamos visitar en persona y no solamente por las fotografías (por buenas que sean), un local con detalles en el mínimo rincón: un frontal de las antiguas cocinas de carbón, útiles y aperos, un piano del siglo XIX, un mobiliario antiguo pero nuevo cuidado en su diseño; la vajilla, la cubertería o la cristalería no van a la zaga, unos libros sobre un baúl no están elegidos al azar, y la bodega no rompe en absoluto un ambiente mezcla de tradición y modernidad, todo con un mimo femenino lleno de profesionales detalles.
Mas no podía haber buena plato sin buen vaso, comida sin bebida, fogones sin caldos de uva, y la ilusión crecía y seguía más viva, decidiendo en el mes de Septiembre del mismo año y aún con el aroma de los primeros potes arrancar la Vinoteca, vestíbulo ideal tanto para recibir a los amantes del vino como a los de la buena mesa que deciden caminar hacia el salón de ésta vuestra casa.
Y sin olvidar al personal, formándose en nuestros gustos que también son los suyos, y al que mimamos porque somos la familia de “La Vega”: dos sumillers, camareras y excelentes profesionales de la hostelería, de trato afable, amable, siempre con una sonrisa en los labios, jóvenes y expertas, todo un triunfo en los tiempos que corren. El personal de cocina joven, ambicioso por aprender día a día, aunando fogones tradicionales asturianos y españoles que no debemos ni queremos perder con las nuevas recetas nacionales e internacionales, siempre innovando desde lo imperecedero.
Capitaneando el barco, intentando dar ejemplo, Jose y Mari Luz, atentos a cualquier detalle, siempre al quite como las buenas cuadrillas, subalternos y maestros, en la intendencia y en el quehacer diario desde la compra diaria en el mercado local y regional hasta los vinos que luego degustaremos en su compañía. |